Biografía Ernesto Cardenal

El poeta y sacerdote trapense nicaragüense Ernesto Cardenal se ha convertido a sus 87 años en el primer centroamericano en ganar el prestigioso Premio Reina Sofía de Poesía, el más importante de Iberoamérica.

El intelectual nicaragüense, considerado actualmente como uno de los poetas vivos más importantes de Latinoamérica y quien evita los reconocimientos y los homenajes, declaró, sin embargo, a Efe que se sentía “sorprendido”, “feliz” y “agradado” de ganar “un premio muy importante”.

El Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, dotado con 42.100 euros (unos 55.700 dólares), reconoce el conjunto de una obra de un autor vivo que por su valor literario supone una aportación relevante al patrimonio cultural de Iberoamérica y España.

Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua) nació el 20 de enero de 1925 y tuvo desde sus primeros años las cosas muy claras: escribir poesía, su pasión de toda la vida y que a su vez lo llevó a conocer a uno de sus dos grandes amores, la revolución.

Su otro amor es Dios, a quien encontró a la mitad de su existencia cuando el Señor le perseguía a él mientras él perseguía a las muchachas. Desde entonces se convirtió por entero.

Extravertido, pero excéntrico, fue propuesto al premio Nobel de Literatura 2010 ante la Academia Sueca por la Sociedad General de Autores y Editores de España, junto a los escritores Ernesto Sábato (Buenos Aires, 1911) y Miguel Delibes (Valladolid, 1920).

Prestigioso galardón que, según este octogenario poeta, que ha hecho de las largas camisas blancas o “cotonas” de algodón, de confección tradicional, y la boina negra su indumentaria personal, “no le interesa”, no le quita el sueño.

La vida de Cardenal se ha visto marcada por la literatura y su actividad política. No frecuenta lugares públicos y, además de la poesía, entretiene su tiempo con la escultura y la lectura, además de apadrinar un taller de poesía para niños con cáncer.

El poeta, que considera la poesía como la pasión de su vida, dijo en recientes declaraciones a Efe que en la actualidad se dedica a escribir “como siempre” cuando tiene alguna inspiración, y si no la tiene, a leer.

Cardenal estudió literatura en México y en Nueva York y participó en la resistencia contra la dictadura de los Somoza (1937-1979), por lo que fue encarcelado.

Ingresó en Estados Unidos a la orden de la Trapa, donde tuvo como maestro de novicios a Thomas Merton, también poeta, y ya de vuelta en Managua fue ordenado sacerdote en 1965.

Fundador de la comunidad contemplativa de Solentiname, en el Gran Lago, destruida por orden de Somoza, alcanzó fama de revolucionario desde los tiempos de la lucha sandinista contra la dictadura. Por entonces, ofrecía recitales de poesía revolucionaria en las universidades.

Tras la caída del régimen, el 19 de julio de 1979, fue nombrado ministro de Cultura de la Junta de Gobierno de Nicaragua, cargo que ocupó hasta 1987.

En 1983, el entonces papa Juan Pablo II, que estaba de visita en Nicaragua, lo amonestó frente a las cámaras de televisión de todo el mundo por apoyar la teología de la liberación y por formar parte del Gobierno sandinista.

Su imagen arrodillado frente a Juan Pablo II, que lo reprendía y con el índice derecho le recordó que tenía que arreglar sus “asuntos” con la Iglesia, dio la vuelta al mundo.

En 1985 fue suspendido “a divinis” por el Vaticano, que consideró incompatible su cargo político con su misión sacerdotal.

Desde entonces el sacerdote católico y partidario de la teología de la liberación se convirtió en crítico de Juan Pablo II y el Vaticano.

En octubre de 1994 abandonó su militancia sandinista a raíz de la división en dos sectores: los renovadores, seguidores del “sandinismo ilustrado”, liderados por el novelista Sergio Ramírez, que apoyó Cardenal, y los ortodoxos, de Daniel Ortega, actual gobernante, con el que se mantiene enfrentado.

Entre sus obras poéticas, que han sido publicadas en 20 idiomas y en más de 200 ediciones, destacan: “La ciudad deshabitada”, “Hora Cero”, “Getsemany KY”, “Salmos”, “Oración por Marilyn Monroe y otros poemas”, “El estrecho dudoso”, “Vida en el amor”, “Homenaje a los indios americanos”, “Cristianismo y Revolución”, “La santidad en la revolución” y “En Cuba”.

A principios de 1990 publicó “Cántico Cósmico”, un poema de 600 páginas en el que reflexiona sobre la materia.

Sus últimas obras publicadas han sido “Vida perdida: Memorias 1″, “Epigramas”, “Las ínsulas extrañas: Memorias 2″, “Thomas Merton, Ernesto Cardenal: Correspondencia (1959-1968)”, “La revolución perdida: Memorias 3″, “El verso del pluriverso”, y “El evangelio en Solentiname”.

En 1965 le fue concedido el Premio Rubén Darío, máximo galardón de las letras nicaragüenses; en 1980 recibió el Premio de la Paz de la República Federal de Alemania y el Premio por la Paz de la Asociación de las Naciones Unidas, en España.

En 1990 le fue impuesta la orden cubana Haydeé Santamaría y ha sido condecorado con el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Granada, en España, la Universidad Nacional de Costa Rica, la Universidad Autónoma Latinoamericana de Colombia y la Universidad Veracruzana de México, en reconocimiento a sus aportaciones a las letras universales.

También ha sido galardonado con la Orden José Martí, la mayor distinción que concede el Estado cubano, y en 2009 ganó el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, la más alta distinción que el Estado de Chile concede a un poeta de la región.

La IX edición del Festival Internacional de Poesía, que tendrá lugar en 2013 y se celebra en la ciudad colonial de Granada, en el sureste de Nicaragua, estará dedicado a este sacerdote trapense.

Reconocimientos que son “innecesarios”, según Cardenal.

No van “con mi carácter”, dice, y prefiere, como siempre, pensar en sus dos grandes amores: Dios, a quien encontró a la mitad de su existencia y a quien se convirtió por entero, y la revolución sandinista, que considera fue su encuentro con “el amor al pueblo, que es el verdadero sentido de la revolución”

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